La verdad es que no sabía si en este viaje yo iba a estar realmente como me gustaría, porque llevaba años esperándolo y, el año pasado, cuando dejé a mis viejos amigos, una de las cosas que más me dolió fue que no iba a poder hacer este viaje con ellos... Pero no pasa nada, yo lo acepté, y me fui haciendo la idea, aunque nunca del todo.
Hoy, el día de la vuelta de Italia, me doy cuenta de que, a pesar de haberme acordado de ellos, el viaje ha sido único y mágico. Es cierto que podía haber disfrutado muchísimo más, porque en esos momentos yo no me daba cuenta de que aquello era irrepetible, pero aun así he llegado a sentir felicidad, durmiendo poco y riendo mucho. Y me da mucha pena que ya se haya acabado todo, porque han sido tantos momentos increíbles, noches sin dormir, en el barco viendo el supuesto amanecer, tumbados por los pasillos dejándonos llevar por el movimiento de las olas, viendo el rastro que hemos ido dejando por el mar, oyendo voces italianas intentando averiguar de qué están hablando e intentando balbucear mis propias palabras en italiano, haciendo fotos absurdas pero graciosas, bailando locamente en la discoteca del barco, sintiendo el frescor del aire al navegar, corriendo por las calles de Italia por habernos perdido, admirando la magnífica ciudad de Venecia, escapándonos de la habitación del hotel silenciosamente para ir a otras habitaciones, saboreando la rica pasta italiana, levantándonos a las ocho de la mañana cuando habíamos quedado a las ocho y cuarto para salir del hotel, corriendo por la arena de la playa alrededor de una hoguera a las cinco de la mañana, andando sin saber hacia dónde se va, intentando aguantar sin dormir durante toda la noche con mucho sueño, pero aguantando, y sobre todo, riendo y disfrutando como nunca...
Así que, sí, me he dado cuenta de que esta semana he estado incluso mejor de lo que me hubiera gustado e imaginado... Además, en estos días fuera de la monotonía he tenido tiempo para reflexionar, y he podido ver muchas cosas que, antes, esa ilusión sin sustancia me cegaba...
Y, al fin y al cabo, sólo me queda decir que, si pudiera, repetiría este viaje de nuevo, aunque ahora comprándome sólo un billete de ida...
Por este viaje a Italia que me ha abierto los ojos...
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