Atravesamos una crisis de valores tremenda, nadie que haya vivido en épocas de paz puede imaginárselo.
Las parejas ya no se dan la mano al pasear.
La gente cruza las calles sin mirar.
Los ancianos ya no se sientan en la plaza al lado de otros ancianos para hablar; ahora se sientan en bancos vacíos.
Los adolescentes se refugian en su música cuando van caminando en lugar de observar el maravilloso mundo que les rodea.
Hay cada vez más perros con correa, y menos en libertad.
Los coches pasan a una velocidad que es imposible reconocerlos.
Las chicas de doce años visten como si tuviesen dieciocho, y las de dieciocho se comportan como si tuviesen doce.
Un sábado por la noche casi nadie recuerda dónde vive, y, si lo recuerda, no sabe cómo encajar la llave en su casa.
Ahora se infravalora el deporte, ya que la mayoría de la gente prefiere hacer deporte de pareja.
La comida basura hoy abunda.
Cada vez hay más cáncer de pulmón, y más comas etílicos.
Los adolescentes ya no saben qué son las cartas, ahora hablan por tuenti.
En lugar de leer un libro físico, la gente se compra 'ebooks' y olvida la gran sensación de oler y tocar un libro nuevo.
A la hora de hacer un examen se sacan del estuche montones de papelitos con todo el temario, en lugar de estudiar para aprender.
Ahora, duele más la caída de un aparato tecnológico, que nuestra propia caída.
Las personas, ahora, camuflan lo que sienten. Regalan sonrisas y marcan las miradas. Seleccionan los momentos con una fecha. Dejan historias sin final. Olvidan lo que sienten antes de que les de tiempo a saberlo. Ahora se dice 'te quiero' como quien dice 'hola'. Los besos se regalan, y los calentones en cualquier parque a cualquier hora de la tarde son rutina.
Los niños que una vez se maravillaron al ver una paloma muerta caminan ahora entre cadáveres humanos degollados sin sorpresa alguna.
El amor es como los fantasmas, en boca de todos, pero no ha sido visto por nadie.
La compasión ya no es una característica humana.
Se venden personas por montones. Las familias se dan las espalda entre ellos. Hay nefastos negocios de carne humana.
Es verdad... provoca asco asomarse por la ventana.
Lo que un día fue el lugar de tantas especies es hoy un holocausto. Cada rincón de la Tierra es un escondite del cual no podemos escapar del miedo que se respira día a día.
Nos estamos ahogando. Y lo peor es que no estamos haciendo nada para cambiarlo.
Es bien triste.
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