Es indescriptible el dolor, la impotencia, que siento en este momento, cuando acabo de venir de estar allí... de tu despedida, de tu triste despedida.
No sabía cómo reaccionar cuando estaba viendo aquello, cuando estaba viendo lo poco que quedaba de ti metido en esa cajita tan frágil. Todos tus recuerdos, tus ideas, tu sonrisa, tu voz, tu mirada, tus ganas de aprender a cambiar el mundo, todo eso y más, estaban allí, convertidos en polvo, convertidos en nada...
El cuerpo se me bloquea por momentos; no puedo evitar pensar en ti, en lo injusto, cruel y caprichoso que ha sido el destino contigo.
Esta tarde ha sido tan triste... tan triste que me sentiré así durante mucho más tiempo. Al menos tu familia no se ha derrumbado, porque si eso hubiera pasado nadie de los que estábamos allí nos hubiéramos podido mantener en pie. Han sido muy fuertes, y lo han sido por ti, para que no les veas caer. Porque estoy segura de que si caen les va a ser muy difícil levantarse sin ti. Seguro que tú también eras una persona muy fuerte; desgraciadamente no me dio tiempo a conocerte mucho, pero sé que eras una persona que... ni si quiera tengo palabras para describir lo grande que fuiste, lo grande que eres aun cuando te has ido dejándonos este gran vacío en nuestros corazones. Aunque pensándolo mejor me gusta así, no poder definirte, porque definir es poner límites, y tú no tenías límites...
Pensándolo bien, tal vez el destino sí que ha hecho su trabajo. Al tener tú un corazón tan grande, tal vez, el destino haya querido darte lo que te mereces, y llevarte a un lugar donde sólo hay felicidad, y apartarte de este cruel mundo, que tal vez sea el infierno de otro. Y como tu partida duele mucho, el destino nos ha quitado nuestra fuerza a nosotros y se la ha dado a tu familia, para que no les duela tanto no tenerte. Pero prefiero que sea así, pues ellos te echan muchísimo más de menos que nosotros...
Aunque esto sólo es un simple pensamiento, porque si no pienso esto me derrumbo... Y dejo de creer en la vida. Y no. No quiero que tu muerte haya sido en vano, porque has dejado un rastro de pasos muy grande en la Tierra, muy grande en nuestros corazones.
Al irte me has hecho reflexionar sobre la situación en la que estoy, pero no quiero que sean sólo palabras ni simples pensamientos fugaces. Haré de ti mi razón para decir lo que realmente siento. Y de esta forma, cada vez que me pregunten por qué lo hice, te nombraré... tal vez con lágrimas en los ojos y con dolor en el alma, pero así seguro que Jamás te olvidaré...
Seguiré tus pasos; recorreré el mundo de un sitio a otro, sin rendirme, tan valiente como tú. Y cuando vea una mariposa morada volar, creeré que eres tú, la acariciaré, y te diré "Gracias, estoy aprendiendo a cambiar el mundo, estoy aprendiendo a cambiar mi mundo. Te dije que nos volveríamos a cruzar, y espero volver a hacerlo. Sigue volando, sigue volando hasta el fin del mundo, aunque sé que para ti no hay fin, porque más allá del infinito se encuentra tu alma, tu alma fuerte. Muchas Gracias por haber existido.
Hasta otra, Tori."
No hay comentarios:
Publicar un comentario