Ayer, mientras te veía jugar, me puse a pensar cuántos años faltan para que llegues al instituto, esa etapa que te abrirá tanto los ojos. Me pregunto si yo estaré ahí para, cada vez que necesites una mano, levantarte cuando te caigas, o si aún querrás que yo sea esa mano.
Pase lo que pase, quiero que siempre recuerdes que yo te enseñé a caminar, mientras me apretabas muy fuerte, por las calles de Alhambra.
Recuerdo una vez en la que te solté la mano, y tú, rápidamente, fuiste a la pared a agarrarte, por miedo a caerte.
Y, ahora, siete años después, te veo correteando por la calle como una niña sin miedo, llena de vida...
Así me siento yo cuando estoy en la misma calle, sabiendo que, después de correr tanto, me vas a dar un abrazo que me va a dejar sin aire, como el abrazo que me diste el miércoles al verme por sorpresa después de tanto tiempo...
Todos los momentos contigo son siempre tan mágicos...
¿Pero sabes lo que es aún más mágico? ¿Sabes lo que realmente sí es magia?
Magia es verte sonreír...
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