Recuerdo el primer texto que escribí. No recuerdo qué decía, pero lo que sí recuerdo es que era para Ti, Tú me lo pediste.
Recuerdo que no sabía qué poner, no me salían las palabras. Tú me decías que escribiese lo que fuera, ya que siempre se empieza con poco; decías que escribiese aunque fuera "hoy no tengo inspiración". Y es gracioso, porque ahora las palabras me salen solas, aunque puede que sea porque ahora he vivido más que hace tres años, y tengo más cosas que contar.
Me gustaría que ahora leyeses algún texto mío. Verías que mi perspectiva sobre el mundo ha cambiando mucho. Tú la has cambiado.
Había pensado en encuadernar todos mis textos para conservarlos. Si quieres, un día, te pasas por aquí y les echas un vistazo.
Perdona, quería oír cómo sonaba esta última frase al leerla. Sería mejor que nunca los leyeses, ya que la gran mayoría hablan de ti, y eso puede que te moleste, como ya te molestó hace dos años y cuatro meses: el tiempo que llevo sin verte, el tiempo que llevo escribiéndote.
Antes también te escribía, sí. Pero ahora lo hago con una gran diferencia:
te escribo para que vuelvas.
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