martes, 1 de noviembre de 2011

Odio que me odies

Te odio. Te odio.  ¡TE ODIO!

El odio se empieza a sentir cuando previamente has sentido amor, mucho amor. Por eso cuando decimos 'te odio' es porque anteriormente dijimos 'te quiero'.
Te odio, porque te quise. Y mucho.
Cuando ese amor se convierte en odio, te empiezas a odiar a ti misma también, porque te das cuenta de que odias a la persona que formó parte de ti, que siempre formará parte de ti. Y te das cuenta de que todos los sentimientos tan bonitos se convirtieron un día en los más horrorosos, y te da miedo recordar todo. Y, entonces, ¿qué queda? ¿qué te queda si lo único que recuerdas de estar a su lado ahora no es más que odio?

Lo siento. Soy débil. He vuelto a caer. A caer en la trampa, que no es lo mismo que caer al vacío. A caer en tu trampa. Esa trampa que pusiste hace ya unos años. ¿Para qué? Tal vez para conseguir lo que hoy has conseguido: que te odie, aunque ello signifique que me odie a mí también. Te da igual mi abatimiento, siempre te ha dado igual. Mentías tan bien. Y si todo lo que hacías por mí no era mentira, entonces, todo lo que yo hice por ti no valió la pena. Porque tú no viste que estaba destrozada, sólo viste mi error. Y ahí me empezaste a odiar Tú a mí.
Y creo que esto es lo que más odio. Pensar que empezaste a odiarme por mi culpa. Lo que tú no sabes es que, tú jamás me perdonaste aquel error, pero yo tampoco me lo perdoné jamás. Y, si no crees esto, pregúntale a mi cuerpo, él lo sabe bien.

¿Pero sabes lo que odio aún más?
Que no puedo odiarte, por mucho daño que me hayas hecho. Porque, si me has dolido tanto, significa que te he querido mucho, muchísimo. Y si te he querido tanto, significa que siempre te querré, por mucho que tú a mí no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario